Antes de viajar a los fiordos noruegos, con la ayuda de nuestro ‘amigo’ el Google-maps ampliamos el perfil de la zona que íbamos a visitar. Un perfil muy especial, sesgado por incontables tajos que recortan sus costas, aquello que tanto nos costaba reseguir cuando de pequeños el profe de la escuela nos hacía calcar el mapa de Europa.
Estos tajos son los fiordos noruegos y la puerta de entrada a esta obra de arte de la naturaleza es la ciudad de Bergen. Por allí empezamos.
Bergen, puerta de entrada a los fiordos noruegos
En tres horas y cuarto de vuelo desde Barcelona ya estábamos en esta preciosa ciudad noruega de 275.000 habitantes. Vueling tiene buenísimas ofertas. Irás ‘apretado’ pero el viaje es corto. Vale la pena. La primera impresión de Bergen es de una ciudad cómoda, alegre, pensada para las personas, para los niños, para la gente de todas las edades, repleta de cultura y personalidad.
Aunque hay bullicio –y más en fin de semana, que fue cuando llegamos- a la vez se respira sosiego. La gente se mueve pero no transmite sensación de estrés. Está rodeada por múltiples islas y escoltada por siete montañas. Llegamos a media mañana, dejamos nuestros bártulos en el hotel, sencillo pero muy céntrico. Hacía un día radiante.
Haz click aquí para ver la publicación original
